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Sobre el rumbo de Mart en la guerra

Cuando en 1991 apareci Mart a flor de labios, excelente libro de Froiln Escobar, reverdecieron ciertas conjeturas. Uno de los ancianos entrevistados por Escobar, nios todos ellos cuando tuvieron el privilegio de ver a Mart en los campos de Cuba insurrecta, y que haban fallecido cuando el libro sali de las prensas, sostuvo que el 19 de mayo de 1895 Mart estaba listo para volver a la emigracin.

Eso revolvi una discusin que ya entonces caba tener como resuelta; pero que ha seguido suscitando especulaciones. No hay que culpar al autor de Mart a flor de labios por las interpretaciones apresuradas o sin fundamento hechas a partir de su lectura. Aunque tal vez el libro pudo haberse beneficiado, y se beneficiara en la nueva edicin que merece y pide a gritos, con anotaciones que favorecieran una ms precisa recepcin de los conmovedores testimonios reunidos en l.

Como los dems del volumen, el testimonio aludido en particular el de To Pacheco, cuyo padre, Rosalo, estuvo cerca de Mart en campaa, no solo estar nutrido de memoria directa sobre los hechos que relata: quizs, de manera decisiva en algn punto, tambin se base en lo que durante aos el testimoniante oy decir despus de muerto Mart, u oy decir que se deca. Se sabe cmo puede alterarse as la informacin, sin menoscabo de la honradez de quienes la transmiten.

Acerca de dnde Mart deba permanecer durante la guerra, se debata desde antes de su desembarco por la Playita de Cajobabo. En enero de 1895 sali de Nueva York para llegar a Cuba y ocupar su sitio en la contienda; pero todava Mximo Gmez estimaba que deba quedarse en la emigracin. La falsa noticia, difundida en la prensa, de que se encontraban en Cuba, le ayud a Mart a vencer la resistencia del General. Este, como en Dos Ros al suponer que Mart obedecera su indicacin de que no entrara en combate, se guiaba por el acertado criterio de que era necesario cuidar la vida de quien haba logrado la unidad de los patriotas cubanos, entre quienes cabe suponer que la muerte del hroe reanim la idea de que hubiera sido mejor mantenerlo fuera de Cuba.

Pero, como habra hecho cualquier otro revolucionario de su condicin y en sus circunstancias, l rechaz esa idea, por nobles que fueran las intenciones que la sostenan. Lo guiaba su propia tica, y todo le confirmaba que deba permanecer en la contienda. De lo contrario, no podra influir plenamente con su autoridad poltica y moral, con sus ideas y con su jerarqua, y desde adentro, no desde el exterior en la marcha de la guerra y en la creacin del Gobierno de la Repblica en Armas.

El da antes de caer en combate, le escribi a Manuel Mercado: `seguimos camino al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolucin que he hecho alzar, la autoridad que la emigracin me dio, y se acat adentro, y debe renovar, conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas`. nicamente esa asamblea tendra poder para decidir cules seran el lugar de Mart y el destino del Partido Revolucionario Cubano. En cuanto al primero, podra convertirlo, de mximo dirigente del Partido que haba preparado la gesta, en ayudante de la Repblica en la emigracin lo que no resulta razonable suponer o en el mximo gua del Gobierno, a lo cual apuntaba el reconocimiento que reciba en los campos insurrectos.

En un trabajo impreso en 1954, Acerca de `La Mejorana` y `Dos Ros`, Manuel Isidro Mndez se refiri al asunto central, y en rigor el nico que se sabe que fue tratado en la tensa reunin de Mart y Gmez con Maceo en La Mejorana el 5 de mayo de 1895: la formacin del Gobierno en Armas. Luego aadi: `se puede conjeturar` (los nfasis van por cuenta del autor de este artculo) que tambin se abord `la oportunidad de La Invasin, aunque no se produjo debate sobre ella ya que, cual supone el doctor Benigno Souza`, cercano a Gmez, `todos la consideraban de primordial necesidad`.

Sobre aquella reunin han proliferado las especulaciones. Mndez se refiri al tiempo que ya entonces haban malgastado quienes, `por hallar lo sensacional, cierran los ojos a lo verdadero, que tienen delante`; y desaprob en especial la tendencia a magnificar las discrepancias de Maceo con Mart como cuestin de rivalidades personales. El regodeo en ese punto ha llegado hasta dar como un hecho una supuesta agresin de Maceo a Mart, en trminos que no se corresponderan con la caballerosidad del primero ni el segundo hubiera consentido mansamente.

Las especulaciones han afectado el fondo del problema. Como si fuera un dato confirmado se ha dicho que all se discuti, y quizs se aprob, la salida de Mart para la emigracin. Pero eso es algo de tanta seriedad, y tanto hubiera irritado a Mart, que l difcilmente lo hubiera obviado en su minucioso Diario de campaa. No tena que ser tan profundo y perspicaz como era para intuir que, entre los interesados en alejarlo del escenario de la guerra, estaran los opuestos a su radicalidad revolucionaria y democrtica.

En Jos Mart, dirigente poltico e idelogo revolucionario (1990), Jorge Ibarra sigui el acertado camino de Mndez y analiz demoledoramente nuevas `suposiciones impropias` sobre el tema, como este denomin las que l lleg a conocer. Con el despliegue proporcionado por el libro, Ibarra tambin aport slidos argumentos que, por lo menos, deben tenerse en cuenta: sobre todo en los medios masivos, que, para bien o para mal, pueden influir mucho ms que un texto especializado y de tirada relativamente escasa.

Entre los elementos que como ponindole en su bolso de campaa el boleto con que se le hubiera facilitado el viaje se han dado para `probar` que el 19 de mayo de 1895 Mart se dispona a salir de Cuba, se ha esgrimido el hecho de que, al caer en combate, vesta de civil. Usaba, por supuesto, la ropa de que dispona: miembro de un ejrcito insurgente y pobre, y pobre l mismo, no tena la indumentaria que pudiera verse en tropas de superproducciones hollywoodenses.

Fuente: Luis Toledo Sande. Diario Granma, Cuba

Última modificación: 19 de julio de 2003 a las 19:58
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