... Pero las desapariciones forzadas
no se limitan ni mucho menos a un mecanismo de
represión dirigido a eliminar a quiene
se considera enemigos. En la Argentina, para citar
al país donde esta técnica de la
muerte y el miedo ha rebasado todos los límites
imaginables, las desapariciones no sólo
han ocurrido en el nivel de los adultos sino que
se han hecho extensivas a los niños, secuestrados
muchas veces al mismo tiempo que sus padres o
parientes cercanos, y sobre los cuales no ha vuelto
a saberse nada. Niños que van desde los
recién nacidos a los que ya entraban en
la edad escolar. Niños cuyo secuestro nada
justificaba como no fuera el sadismo de los raptores
o un refinamiento casi inconcebible de su técnica
de intimidación. Esos niños, ¿podían
considerarse como subversivos, según calificaban
los militares a los jóvenes y adultos desaparecidos?
Esos niños, ¿eran enemigos de lo
que ellos llaman patria, llenando de sucia saliva
una palabra que tanto significa para los pueblos
latinoamericanos? ¿Y qué ha ocurrido
con esos niños, si no han muerto en su
enorme mayoría? Si quedan sobrevivientes,
¿qué pueden saber hoy lo que fueron
un día frente a los tráficos, ventas,
adopciones y desplazamientos de los que han sido
víctimas? Si la desaparición de
un adulto siembra el espanto y el dolor en el
corazón de sus prójimos y amigos,
¿qué decir de padres y abuelos que
en la Argentina siguen buscando, fotografías
en mano, a esos pequeños que les fueron
arrancados entre golpes, balazos e insultos? Vuelvo
a pensar en Dante, vuelvo a decirme que en su
atroz infierno no hay ni un solo niño;
pero el de los militares argentinos responsables
de las desapariciones está lleno de pequeñas
sombras, de siluetas cada vez más semejantes
al humo y a las lágrimas."
Incluido en Argentina: años de alambradas
culturales. Buenos Aires, Muchnik, 1984. |