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| EDITORIALES | ANALISIS
| FECHA DE PUBLICACION: 09/04/2003 |
| La sociedad civil organizada en América Latina |
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Las organizaciones sociales de América Latina representan un fenómeno en crecimiento.
¿Son éstas una herramienta del sistema capitalista dominante o son una fuerza capaz
de oponerse a él? |
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En los últimos tiempos el fenómeno de las organizaciones de la sociedad civil ha ido incrementándose y tomando mayor fuerza. Si bien es cierto que a lo largo de la historia moderna las personas se han organizado formando movimientos, bloques, partidos políticos, sindicatos, cooperativas, etc., hoy se puede ver cómo ha crecido cuantitativa y cualitativamente la labor de las organizaciones no gubernamentales (ONGs), las organizaciones de base, los movimientos populares y demás agrupaciones de individuos que se reúnen buscando aportar soluciones a los problemas sociales comunes. Uno podría preguntarse ¿cuáles son las condiciones que permiten el crecimiento y la expansión de este fenómeno en América Latina?
Según un informe elaborado por el Banco Mundial, la descentralización del Estado -tan de moda en nuestros países- ha colaborado con el crecimiento y fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil, puesto que éstas han tendido a ocupar un espacio vacío dejado por el Estado, que hasta hace sólo unas décadas (años más, años menos para los diferentes países de la región) `anidaba los vicios del autoritarismo y el clientelismo y llevó frecuentemente a la ineficacia y a la ineficiencia en la producción de bienes y servicios de interés común`.
El Banco Mundial considera crucial la labor de las ONGs en América Latina. Ellas les permiten a los poderes hegemónicos continuar justificando la descentralización (o devastación) de los Estados latinoamericanos como un fenómeno natural, como una tendencia de los tiempos que corren, y además son el elemento indicado -puesto que las empresas lucrativas no podrían hacerlo- para ocupar ese espacio vacío, siempre y cuando se adapten a las leyes del mercado.
Así, el Banco Mundial y otros organismos de cooperación internacional para el desarrollo de las regiones que según ellos todavía tienen que desarrollarse (aunque no sacan su enorme pie de nuestra cabeza para que podamos hacerlo), reparten sus migajas para que los pobres comamos de ellas.
Cuando el dinero perpetúa la pobreza
No es casual que los países más pobres de América Latina sean los que mayor cooperación internacional reciben (al margen del continente africano que es hoy en día el lugar adonde llegan la mayor cantidad de fondos destinados a la cooperación). Tenemos que desear ser más pobres, o demostrar lo pobres que somos, para que los países ricos (que se han enriquecido a costillas nuestras) nos ayuden con su limosna. Pero también se ocupan de que su limosna sea bien utilizada, capitalizada, reinvertida y genere autosustentabilidad, y para eso debemos contratar a sus expertos y aprender de ellos, o en el mejor de los casos, someternos a sus auditorías y evaluaciones.
Para el Banco Mundial, a las ONGs de América Latina `les cabe una función especial en la reducción de la pobreza, el progreso social y la conservación del medio ambiente`. Por eso nos ayudan con sus políticas neoliberales que generan mayor pobreza, devastación social y aniquilación de nuestro medio ambiente, además de algunos cuantos millones anuales que reparten entre las organizaciones no gubernamentales que mejor hacen sus deberes.
Cuando en Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación Nacional luchaba en la revolución, los organismos cooperantes destinaron sus fondos a las organizaciones sociales de Costa Rica, demostrándoles a los insurrectos del país vecino que la democracia estable y obediente paga mejor. Y así fue durante los años que duró el sandinismo. Ahora, la cooperación se ha ido retirando poco a poco de Costa Rica -que a la mirada internacional es un país `rico` comparado con los demás países de Centroamérica- y se trasladó a Nicaragua, donde los niños se mueren de hambre y los gobernantes corruptos viven como reyes, pero hay democracia, de esas que quieren los poderes económicos mundiales, esas que son su mano derecha en la devastación de los pueblos. Por supuesto, la cooperación internacional nunca iba a colaborar con revolucionarios, mejor muéranse de hambre, así en medio de su crisis política, económica, social y de identidad, los ayudamos con unos cuantos millones de dólares que no les servirán para ningún cambio verdadero.
Pero los organismos cooperantes no dicen que sólo nos devuelven una ínfima parte de lo que nos roban sus gobiernos. Ellos pretenden hacernos creer que nos ayudan a combatir la pobreza, a desarrollarnos, a cuidar nuestro medio ambiente, mientras los países de los cuales proceden los fondos para la cooperación internacional siguen haciéndose ricos, hablando en nombre del desarrollo y contaminando el ambiente de todos, el mismo que según dicen nos ayudan a preservar.
Argentina, antes de la crisis de diciembre del 2001, era un país con demasiados recursos para ser blanco de la cooperación de los países del norte. Hoy, es un país acabado pero tampoco es buen ejemplo para invertir sus fondos en él. A pesar de haber seguido al pie de la letra todas las recetas recomendadas por los poderes hegemónicos mundiales, la sociedad está demasiado revuelta y no es cuestión de que los demás países crean que en el medio del caos van a ser ayudados.
Las organizaciones de la sociedad civil sin recursos financieros en América Latina, al igual que las de otras regiones empobrecidas del mundo, tienen sólo dos formas de sobrevivir: una, vendiendo sus servicios a la sociedad, servicios de calidad elevada y bajos costos para competir con el sector privado, y otra, recurrir a fuentes externas de financiamiento, sometiéndose muchas veces a los intereses de los poderes económicos y adaptando su discurso a los discursos de poder para no perder la fuente de sus ingresos. Siempre existe la posibilidad de que los miembros de la organización aporten recursos para su mantenimiento pero si los individuos que se agrupan muchas veces apenas pueden mantener a sus familias, aún más difícil es que puedan financiar las actividades de una organización.
Una realidad aparte
Ahora, si bien es cierto que ésta es una realidad, o una parte de ella, también es cierto que actualmente en América Latina hay un surgimiento de movimientos y organizaciones populares y de base que hacen frente al aplastamiento de sus derechos y resisten ante la globalización y la dominación.
También son reales los encuentros latinoamericanos -y mundiales- que desde hace algunos años están cobrando fuerza y difusión en los medios alternativos de comunicación, y donde se reúnen las organizaciones de la sociedad civil para plantear y debatir la actual situación política, económica y social de nuestra región.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro `Patas Arriba` explica que los países de América Latina no son países en vías de desarrollo sino que son el resultado del desarrollo. El sistema que crea y reproduce todo lo que hay en él, también da origen a su propia resistencia como respuesta al hostigamiento de los pueblos.
Movimientos como los indígenas de Chiapas, los Sin Tierra de Brasil, los Piqueteros de Argentina, las organizaciones indígenas de Ecuador que se movilizaron para decirle `No al ALCA` en rechazo a la reunión de los Ministros de Comercios de toda América que se realizó en Quito del 27 de octubre al 1º de noviembre pasados, organizaciones comunales y barriales, agrupaciones de trabajadores, de desocupados, de campesinos, de pueblos indígenas, de estudiantes y otros, de diversos países de América Latina surgen y se convocan en oposición a la política neoliberal imperante.
Estos movimientos y agrupaciones se convocan en el Foro Social Mundial, en los Encuentros y movilizaciones de Lucha contra el ALCA, contra las privatizaciones de los Estados latinoamericanos, contra la dominación del Plan Puebla Panamá y el Plan Colombia, contra las supuestas guerras al `terrorismo` y el `narcotráfico` creadas por los Estados Unidos para expandir su imperio, y en cada vez mayor cantidad de ocasiones donde se fomenta la participación de los pueblos.
La discusión queda abierta: ¿Son las organizaciones de la sociedad civil en América Latina una herramienta más del poder hegemónico para perpetuar el sistema o ellas pueden colaborar con la caída de ese mismo sistema que les dio origen?
Pero creer en un cambio es tomar acción y la sociedad civil que se organiza y actúa está más cerca de generar un cambio, siempre que permanezca firme en la lucha de sus derechos y camine con la visión de un mundo más justo en el que vivir.
Publicado en el Periódico PACIFICAR N° 1
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