Que se reúnen, que no. Que son amigos y se necesitan... y que no. Los medios de comunicación juegan junto a los principales líderes del Partido Justicialista a esta especie de ruleta rusa en la que el revolver tiene una sola bala y es para el pueblo.
No alcanza con las descripciones típicas de que el aparato político de la provincia de Buenos Aires, en manos de Eduardo Duhalde, resiste el desembarco de la gente del presidente Néstor Kirchner.
Tampoco se trata de hacer un relato de cómo los punteros políticos utilizan a la gente, a través de la ayuda social, para sostener un poder que se les cae de entre los dedos.
La mirada debe ser más profunda y sincera. Debe ir hacia los grandes temas en los que, indefectiblemente, se juega el destino de la Argentina.
Si Kirchner necesita construir su fuerza política para quedarse con el PJ debería ser para terminar con todos estos años de extorsión política hacia la gente y no para armar exactamente el mismo andamiaje que intenta destruir.
Armar un entramado de clientelismo para terminar con el clientelismo no tiene mucho sentido. Y menos si se trata de continuar, a nivel político y de política económica, con las mismas líneas de entrega que fueron delineadas hace treinta años.
Es decir, ¿para qué sirve terminar con el duhaldismo si vamos a seguir con el mismo estilo de construcción política?
La cuestión está en otro lado. Pareciera que, distraídos en la pelea por el poder político chiquito, las grandes líneas de entrega de nuestras riquezas y nuestro futuro siguen avanzando hacia el saqueo final. Y ahí no hay pelea entre los políticos.
Si se reúnen o no, si la esposa del Presidente se candidatea a la Provincia, si hay piqueteros duhaldistas y piqueteros kirchneristas, es el “dulce” que todos los medios nos dan de comer cada día.
Mientras tanto, el modelo dependiente y asesino de la soja sigue avanzando. Los acuerdos militares con los Estados Unidos se concretan, se envían tropas a Haití a apoyar un golpe de estado, se sigue pagando la deuda y los pobres siguen siendo cada vez más pobres.
¿De qué pelea hablan entonces los medios de comunicación?
Hace un tiempo, publicamos en pacificar un cuento del Subcomandante Insurgente Marcos en el que definía a los países como tiendas al servicio de los verdaderos dueños del dinero (http://www.pacificar.com/vernota.hlvs?id=2396).
La descripción del momento político mundial quedaban claras en la palabra del personaje llamado Durito, ese escarabajo que es conciencia de la rebeldía y lucha zapatista:
“...Y entonces los políticos se hacen tenderos, o sean son los que se encargan de la tienda que antes era un país, o sea una casa de una gente.
”Y los políticos de antes ya no sirven para atender la tienda y es mejor poner otros que sí estudian y aprenden a ser encargados de las tiendas. Y éstos son los nuevos políticos, o sea que son tenderos.
”Y no importa pues si no saben nada de gobierno, sino lo que importa es que sepan atender la tienda y den buenas cuentas a su patrón que es el dinero mundial.
”Entonces en los gobiernos de los países destruidos por la globalización del poder pues ya no hay políticos, sino que hay tenderos.
”Y ahí, en las tiendas que antes eran países, las elecciones no son para poner un gobierno, sino para poner un tendero.
”Y entonces ponen a competir, o sea a pelearse entre sí, a gordos, flacos, altos, chaparros, de diferentes colores que empiezan a hablar y a hablar y pura habladora, pero nada que dicen lo más importante, o sea que todos son diferentes en su cara, pero todos son iguales en que van a ser tenderos”.
Ahora puede ser que quede más claro. ¿Qué nos importa a nosotros, habitantes de esta Argentina que sangra, si Kirchner o Duhalde se quedan con el PJ?
La situación es clara. A la globalización del poder no le importa si el tendero es verde, azul, rojo o amarillo.
Lo que le importa –dicen los zapatistas, y dicen bien- es que el tendero entregue buenas cuentas.