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| EL MUNDO | ESTADOS UNIDOS
| FECHA DE PUBLICACION: 23/08/2002 |
| Idea de Bush: talar árboles para combatir el fuego |
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No contaban con su astucia. Quiere talar los árboles para evitar incendios flexibilizando las normas ambientales y así comercializar la madera cortada. |
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Es para preocuparse. Estamos frente al presidente del estado más poderoso de la tierra. El hombre que decide sobre la vida y la muerte de millones de seres humanos a cada instante.
El presidente que llegó al cargo gracias a la extraña ley electoral que hace ganar a quien saca menos votos, hace gala de su bestialidad ideológica para crear un nuevo negocio.
Ahora se le ocurrió talar los árboles antes de que se quemen. Ayer, durante una gira por varios Estados del oeste, propuso flexibilizar las leyes medioambientales para facilitar así la tala de bosques, con el argumento de que con esa medida drástica se podrían evitar incendios tan devastadores como los que han asolado Estados Unidos este verano.
La iniciativa fue recibida con fuertes críticas por parte de demócratas y grupos ecologistas, quienes señalan que el máximo beneficio de la reforma legal lo sacará la industria maderera.
Los dos últimos años han sido dramáticos para los bosques estadounidenses. Este verano han ardido más de 2,5 millones de hectáreas. Sólo la semana pasada, los bomberos lucharon contra 490 incendios.
Desde Oregón, uno de los Estados más afectados, el presidente norteamericano pidió al Congreso que suavice las restricciones que establece la Ley de Protección del Medioambiente, de 1970, que limita la tala a lo estrictamente necesario.
La idea del presidente es eliminar, además de la maleza, árboles adultos, comercialmente rentables, para reducir la densidad forestal.
La propuesta de la Casa Blanca beneficiará a la poderosa industria maderera, que padece la intensa competencia de sus vecinos canadienses, a los que acusa de estar excesivamente subvencionados.
La idea permitirá firmar contratos federales de larga duración con las madereras, que despejarán las áreas forestales y podrán quedarse con lo que talen. También dificultará los recursos legales de los grupos ecologistas.
“Demasiados mecanismos retrasan la aplicación de proyectos para mantener la salud de nuestros bosques”, dice un documento de la Casa Blanca. “La crisis de este año nos obliga a tomar mejores decisiones, más eficaces, para reducir la amenaza de incendios catastróficos”.
“Esto es una puerta abierta a la tala incontrolada”, aseguraba ayer a The New York Times el portavoz del Sierra Club, uno de los principales grupos ecologistas.
Los demócratas, que también se oponen a la ley, han visto su posición mermada por la reciente decisión de su líder, el senador Tom Daschle, de apoyar en su propio Estado, Dakota, una ley muy similar a la de Bush.
El presidente está de gira por Oregón, California y Nuevo México, donde espera recaudar al menos cinco millones de dólares para su partido.
Desde su llegada a la Casa Blanca, Bush no ha sido exactamente un paladín ecologista, aunque el medio ambiente no será tema prioritario en las próximas elecciones legislativas de noviembre. Pese a se el máximo emisor de gases de efecto invernadoro, EE UU se niega a firmar el Protocolo de Kioto sobre cambio climático, que obliga a los países industrializados a recortar sus emisiones. Aunque fracasó, Bush también trató de impulsar la perforación petrolífera en el Refugio Natural Ártico, en Alaska.
El anuncio de flexibilización de la tala de bosques lo ha efectuado Bush en vísperas de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, que comienza el lunes en Johanesburgo. El presidente no acudirá ella y será el secretario de Estado, Colin Powell, quien encabezará la delegación de EE UU. Powell aprovechará su viaje para visitar dos países exportadores de petróleo, Angola y Gabón.
Ante la ausencia de Bush en la cumbre, Greenpeace ha criticado “la falta de interés” del presidente por los países más pobres. Powell intentará compensar la reticencia estadounidense a participar en los esfuerzos internacionales a favor del desarrollo sostenible con un programa de 4.500 millones de dólares a favor de los países menos desarrollados.
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