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CHE GUEVARA | DOCUMENTO | FECHA DE PUBLICACION: 09/10/2004
El Antimanual del Che (Ultima Entrega)
 
Revolución sin etapas. Al criticar todo lo existente, incluso los dogmas marxistas que incurrían en una instrumentalización metafísica de la dialéctica, el Che Guevara llegó al convencimiento de que la revolución era un acto humanista sin concesiones. Por eso dio su vida asesinado por sus enemigos hace 37 años.

Por
Néstor Kohan
Pero no será, únicamente, en la interpretación de la ley del valor y su relación con la planificación socialista, dónde hallaremos la diferencia central entre Guevara y el stalinismo de Mao Tse Tung y el propio Stalin.
La distancia central entre ambas posiciones la encontramos, plenamente desarrollada, en el cuestionamiento del Che Guevara a todo etapismo sociológico, historiográfico y político. Un cuestionamiento de índole teórica, de largo aliento, que no respondía simplemente a una urgencia coyuntural del Che por “quemar etapas” o a un “apuro” suyo circunstancial (como lo sugieren, superficialmente, algunos biógrafos) sino a una visión de la historia humana de neta filiación marxiana.
El etapismo —preconizado por todas las corrientes stalinistas, sean las aggiornadas prosoviéticas de Kruschev o las ortodoxas prochinas de Mao— consiste en separar las tareas “democráticas”, o “burguesas”, o “agrarias”, o de “liberación nacional”, de las tareas específicamente socialistas. Son bien conocidas, al respecto, las clásicas posiciones de Stalin y sus seguidores en la materia. En las notas de Mao Tse Tung al Manual de la Academia de Ciencias de la URSS, el dirigente chino insiste en diferenciar etapas en la lucha contra “el capital burocrático” —vinculado a la dominación extranjera en China—, de la lucha contra “el capital nacional”.
Para el etapismo (se apoye en los escritos clásicos de Stalin, en los manuales soviéticos o en los textos de Mao Tse Tung) la revolución pendiente en América Latina no es socialista, sino “agraria antimperialista” (como forma específica de la “revolución democrático burguesa”).
Cuestionando duramente este tipo de análisis, en estas notas inéditas de Praga el Che vuelve a insistir con la misma idea que también planteará en su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”: “Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo —si alguna vez la tuvieron— y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución”.
Mientras el Manual soviético, analizado por Guevara, sostiene que: “La burguesía nacional participa en esta lucha (para derrocar la dominación del imperialismo) y desempeña cierto papel progresivo”; y mientras en sus comentarios Mao Tse Tung insiste, una y otra vez, en diferenciar entre “el capital burocrático” —asociado en China a la dominación extranjera— y “el capital nacional”.
En los cuadernos de Praga, el Che replica y responde que: “Históricamente esto fue cierto, en la actualidad es falso”.
Separando, aún más, las posiciones propias de las preconizadas por el etapismo, Guevara agrega más adelante en sus notas de Praga: “La lucha contra la burguesía es condición indispensable de la lucha de liberación, si se quiere arribar a un final irreversiblemente exitoso”.
 
Trotsky y Mariátegui
¿Cuál es la fuente teórica de esta crítica abierta, nunca solapada, de Guevara al etapismo? En primer lugar, la propia experiencia política de la revolución cubana. A diferencia del antiguo Partido Socialista Popular; Fidel Castro y el resto de la dirección cubana nunca separaron en dos al proceso revolucionario. El pasaje entre una fase nacional-antimperialista y una fase socialista se dio en forma ininterrumpida. De allí en adelante, todos los llamados internacionales realizados desde la revolución cubana al resto de las organizaciones y pueblos de América Latina, siempre, apelaron a la idea de una revolución socialista continental (no “democrático burguesa” ni “agraria-antiimperialista”). Desde las primeras declaraciones de La Habana hasta las declaraciones de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).
Aunque haya sido la principal, ésa no fue seguramente la única fuente del Che. A pesar de que no aparece citado explícitamente en sus libros y artículos del período, según el testimonio del militante peruano Ricardo Napurí —que trabajó junto al Che durante los primeros tiempos de la revolución en Cuba, desde 1959 a 1964, preparando contactos con otros sectores revolucionarios sudamericanos, principalmente peruanos y argentinos—, Guevara habría leído “La revolución permanente” (1930) de León Trotsky en el año 1960. El mismo Napurí le habría acercado, personalmente, este libro al Che al Banco Nacional de Cuba y, a los pocos días, habrían mantenido un diálogo sobre el texto ya leído por Guevara[11]. (En los cuadernos de notas, transcripciones de libros y apuntes teóricos redactados en Bolivia, el Che volverá a leer a León Trotsky. En primer lugar, en esos cuadernos transcribe varios fragmentos de “La revolución permanente”, extraídos de la antología realizada por Charles Wright Mills: “Los marxistas” (1962 —el Che utiliza una edición mexicana de 1964—). En segundo lugar, en esos mismos cuadernos, Guevara extracta numerosos pasajes de la Historia de la revolución rusa de Trotsky, leída en una edición argentina. En ambos casos, luego de transcribir pasajes, sintetiza su balance sobre Trotsky y sus obras).
De cualquier forma, tampoco se agotan allí las posibles fuentes de la crítica guevarista al etapismo. Ya durante los años ‘20, más precisamente en 1928, José Carlos Mariátegui había planteado que: “La revolución latino-americana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente, la revolución socialista. A esta palabra, agregada, según los casos, todos los adjetivos que queráis: «antimperialista», «agrarista», «nacionalista-revolucionaria». El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos”[12]. Es seguro que el Che conocía a Mariátegui, tanto por su primera compañera Hilda Gadea (militante peruana) como por haber mantenido amistad con el médico comunista peruano Hugo Pesce, delegado de Mariátegui a la primera Conferencia Comunista Sudamericana de 1929. (Pesce, a quien conoció en Perú durante sus viajes juveniles, lo visitará en Cuba en los ’60).
 
Coyunturas de dogma
La “herejía” del Che no termina tampoco en su crítica del etapismo. En estas apretadas líneas de Praga, Guevara también cuestiona el recurrente hábito del marxismo ortodoxo —repetido en todos los manuales “científicos” de la URSS, no sólo en los de economía— que consiste en atribuirle a fenómenos históricos, que han sido producidos en  condiciones y circunstancias coyunturales, el carácter de... “ley”. Esta polémica aseveración de Guevara, ¿no tiene consecuencias, a la hora de comprender el conjunto de la concepción materialista de la historia? Creemos que sí. Pretender legitimar posiciones políticas coyunturales —como las de la NEP—, en nombre de las temidas “leyes de la dialéctica” o las “leyes de la economía”, constituye uno de los recursos metafísicos más dañinos que ha sufrido el marxismo a lo largo de toda su historia.
Vinculando el problema de la planificación (eje del debate de 1963-1964), con su marxismo humanista, en estas notas Guevara vuelve a repetir sus opiniones críticas del “socialismo mercantil”, siempre rebosante de fetichismo y cosificación. Allí define entonces la planificación como “la posibilidad de dirigir cosas, de quitarle al hombre su condición de cosa económica”.
En consonancia con esta concepción, como en todos sus escritos anteriores, Ernesto Guevara vuelve a apelar a la conciencia y la educación comunista, esos inmensos agujeros negros del “socialismo real”. La educación comunista a la que aspira el Che, dirigida a la construcción de una humanidad nueva, enfoca sus cañones contra el interés material, ya que “apunta a que el individuo actúe de acuerdo a su deber social y no a su barriga”.
Por último, debemos prestar atención al modo en que Guevara discute con las concepciones más catastrofistas del marxismo. Según éstas, la caída del capitalismo en su prolongación contemporánea, el imperialismo, es inevitable y está predeterminada. La fuente de donde se extraen, a menudo, este tipo de análisis proviene de la ley que Marx expone en el Tomo III de El Capital, acerca de la caída decreciente de la tasa de ganancia. Frente a este tipo de lecturas deterministas y catastrofistas, que aplican mecánicamente esta ley, el Che sostiene que: “Los monopolios la contrarrestan a costa de los países dependientes”.
En Marx no hay catastrofismo economicista. Según ese mismo tomo tercero de El Capital, la ley tiene sus elementos de contratendencia. Por eso, a contramano de los “ortodoxos” que se sentaban a esperar, cruzados de brazos, a que el imperialismo se derrumbara por sí solo, en forma automática (ya sea por sus crisis de sobreproducción o de subconsumo) en estas notas de Praga el Che alerta: “El imperialismo tiene aún gran vitalidad”. ¿Cuáles son las consecuencias políticas de este análisis? Pues que el imperialismo no se cae jamás solo..., ¡hay que vencerlo para poder derrumbarlo!. Para ello hay que romper con todas las recetas teóricas ortodoxas que nos invitan, invariablemente, a quedarnos pasivos, somnolientos, con modorra, esperando y sin  intervenir en política.
En momentos como los actuales, cuando algunas corrientes del movimiento mundial de lucha y resistencia contra la globalización capitalista apelan a un “capitalismo más humano”, a un “mercado solidario y no tan salvaje” o a una “globalización más racional”, la lectura de las notas críticas del Che Guevara se torna inaplazable.
Las rebeliones y las revoluciones del futuro, que tendrán incidencia a escala global, no se podrán dar el lujo de prescindir o desconocer estas lúcidas reflexiones.
 
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NOTAS:
[11] Cfr. Entrevista de José Bermúdez y Luis Castelli a Ricardo Napurí. En Herramienta N°4, Buenos Aires, 1997.
 [12] Cfr. José Carlos Mariátegui: “Aniversario y balance”. Editorial de Amauta N°17, año II, Lima, septiembre de 1928. Reproducido como bibliografía seleccionada en nuestra “Introducción al Pensamiento Marxista”. Obra citada.
 
[*] El presente texto fue editado por el Servicio Informativo Datos & Análisis para su circulación on line.
 

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