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| OPINION | MEXICO
| FECHA DE PUBLICACION: 30/07/2005 |
| Tres bifurcaciones para entender al zapatismo |
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Fuego, palabra y pueblos son los tres ejes por los que el mismo zapatismo se explica así mismo. El fuego, representando al alzamiento. La palabra, con sus innumerables expresiones en encuentros, comunicados y acciones para dialogar, especialmente con la sociedad civil. Los pueblos, con su intenso proceso organizativo, que los llevó desde la imagen de los milicianos armados en San Cristóbal, hasta las juntas de buen gobierno, pasando por los municipios autónomos y por los Aguascalientes. |
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Nosotros creemos sin embargo que el fuego, la palabra y los pueblos zapatistas han estado enmarcados en una forma de actuar frente al Estado y frente a la Sociedad Civil, que junto al zapatismo, son tres elementos, como las aristas de un triángulo, que han influido o incluso, determinado, el actuar zapatista. Si una de esas tres puntas se mueve, rota o se transforma, las otras dos también lo hacen, dependiendo de sus propios procesos, de sus propios actores, de sus propias coyunturas.
La vieja idea de los tres elementos: Gobierno, Zapatismo y Sociedad civil, toman sentido si vemos el andar zapatista y sus decisiones, que, a la distancia, parecen estar caracterizadas en tres etapas estratégicas para el EZLN. Revisar estas tres etapas hipotéticas resulta esencial para comprender a los movimientos y a la situación nacional. Independientemente de la posición que se tenga frente al zapatismo, no se puede negar su importancia en la vida de nuestro país. Su actuar, desde nuestro punto de vista, ha determinado en buena medida en los últimos 10 años, el andar de los movimientos.
Estas tres etapas, además, están representadas por tres momentos indelebles para el zapatismo y para la historia nacional. Son tres bifurcaciones que significarán cambios esenciales en la estrategia zapatista. Tres momentos que llegan a un punto de quiebre simbólico para que el EZLN cambie su andar y sus prioridades, y con ellas, la acción y el pensamiento de miles de seguidores, pero también de adversarios y por supuesto del gobierno y del Estado. Revisemos cada una de ellas.
Momento primero: Transición democrática
La primera bifurcación, obvia, es el 1 de enero. Todos sabemos que el alzamiento determinó la coyuntura política en 1994. El EZLN se levanta en armas en un momento en que la alternancia en el poder se veía como el elemento primordial para derrotar al presidencialismo autoritario y junto con él, impulsar un programa de izquierda progresista que reorganizara al país desde profundas demandas sociales. La lucha por TRANSCION DEMOCRATICA era el crisol donde todos los movimientos, partidarios o sociales, grandes o pequeños, urbanos o rurales, condensaban su esperanza, y lo más importante; sus prioridades estratégicas.
El levantamiento es una alarma urgente que fortalece la idea de que la transición es impostergable, pero suma un nuevo ingrediente: o hay transición o hay guerra. Es por ello, que en esta primera etapa, lo que suceda en Chiapas, determina lo que sucederá en México. De Chiapas y de la construcción de la paz, depende la transición y, por tanto, el futuro nacional. Por eso, el EZLN es, sin lugar a dudas, el epicentro, el actor primordial y eso está claro durante 1994, 1995 y 1996, años en los que está inscrita desde nuestro punto de vista esta primera etapa.
Hay aquí dos elementos dignos de resaltar: primero, que la guerra, le da la razón de verdadera emergencia nacional a la transición - como hemos dicho - y segundo, que los movimientos NO TIENEN ACCESO al Estado, y están FUERA de las relaciones del sistema autoritario. Estas dos características son primordiales para entender, digamos, el protagonismo del zapatismo. Este, de manera coyuntural, condensa las aspiraciones nacionales de transformación del sistema autoritario y - esto es importante- es la única voz, el único vehículo de los movimientos para representar sus necesidades, especialmente después de la derrota del cardenismo en las elecciones del 21 de agosto de 94.
Porque hay que recordar, además quiénes son los actores de la llamada sociedad civil en ese momento. 1994 es un año en que el perredismo está inserto en los movimientos. De hecho hay una extraña simbiosis: el partido está en los movimientos y los movimientos son el partido. Las movilizaciones perredistas siguen siendo en los estados de la república, esencialmente de campesinos sombrerudos y en las ciudades, especialmente en el DF, del movimiento urbano popular, del debilitado pero aún vigoroso movimiento estudiantil. No hay un aparato partidario tan grande y organizado como ahora, y no se ha dado –esto es primordial- una reforma electoral profunda que le permita al PRD tener GRANDES RECURSOS ECONOMICOS. De alguna manera, la izquierda partidaria sigue excluida del SISTEMA en su conjunto: las gubernaturas ganadas le han sido arrebatadas con fraudes y golpes de mano autoritarias. Los medios de comunicación ni los ven ni los oyen. Los 500 muertos perredistas nos muestran claramente que la confrontación partido-Estado es radical y aunque ese partido tiene ya representación popular en la Cámara y la Asamblea, estas siguen siendo meramente presenciales. En ese momento la izquierda partidaria, sigue siendo, a pesar de todo, el eco del movimiento ciudadano de 1988. Es, a pesar de sus corrientes y sus contradicciones, todavía, un movimiento representado en el cardenismo.
Debemos recordar que esta etapa está más bien representada por los movimientos campesinos e indígenas. Está más bien configurada por el movimiento eclesial o los estudiantes. Por artistas, académicos e intelectuales que tienen un protagonismo inusitado en muchas de las iniciativas del zapatismo.
El EZLN sabe comprender esta etapa y también su discurso se enmarca en el de la transición. Sabe comprender esta emergencia y la necesidad de la paz. Entiende el influjo alrededor del zapatismo y su diversidad de actores y por ello sus principales respuestas van encaminadas en la lucha por la transición, por el derrumbe del sistema autoritario. Sólo hay que recordar los nombres y los conceptos de sus principales iniciativas: en 1994, la Convención Nacional Democrática, en 1995 la Consulta Nacional por la Paz y la Democracia y el llamado a formar un Movimiento de Liberación Nacional; en 1996 El Foro Nacional Indígena y el Foro Especial para la Reforma del Estado. Está claro, que el horizonte zapatista se constituye en la nación, a través de los ejes paz y democracia.
Debemos comprender además que la crisis política provocada por el levantamiento, viene en realidad, a hacer evidente una situación nacional que podría haber tenido tintes insurreccionales si no hubieran cambiado las condiciones políticas: además de tener un grupo armado que ha declarado la guerra al Estado mexicano, la izquierda partidaria se encuentra fuera del poder, los movimientos sociales están inconformes por las recientes reformas neoliberales, especialmente al artículo 27 sobre la tenencia de la tierra, y para rematar, hay una crisis económica a finales de 1994 que hace perder toda fortaleza al sistema en su conjunto, sin olvidar la terrible crisis interna que vivió el partido de Estado con los asesinatos políticos de ese año. En realidad, el sistema, si no tuviera los fuertes hilos corporativos que lo integran y la enorme habilidad de su elite gobernante, quizás, hubiera colapsado.
Es el momento más débil del Estado y por tanto, el momento más fuerte del zapatismo y de los movimientos. Es un momento de ofensiva del zapatismo, primero militar, luego política: El zapatismo está tratando de crecer y de buscar aliados en todos los sectores, en todas las organizaciones y la lucha por la paz y la democracia se lo permite porque existen las condiciones políticas para establecer interlocutores en prácticamente todo el movimiento social. EL EZLN está CONOCIENDO a sus interlocutores en los movimientos y la sociedad civil y su primera reacción es tratar de organizar el enorme influjo alrededor del zapatismo.
Es un momento determinante del zapatismo: construye hacia adentro en lo local hacia los municipios autónomos y los cinco Aguascalientes. Construye de manera nacional, con todas sus iniciativas. Construye incluso de manera internacional, incluyendo una consulta global como parte de la Consulta por la paz y la democracia y llamando al Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo.
Es el momento de efervescencia del zapatismo, por el influjo del levantamiento, por lo novedoso de su discurso, por el apoyo total de los movimientos y la sociedad civil, por la debilidad momentánea del Estado, por la crisis económica, por la atención de la opinión pública nacional e internacional, por la habilidad de sus iniciativas, por la conformación del resto de los actores. Es el momento del zapatismo. Es el momento primero.
Momento segundo: Los derechos de los pueblos indios
Pero el triángulo representado en el Estado, los movimientos y el zapatismo, empezará a rotar. Cada arista empezará a cambiar; los actores a recomponerse, la centralidad del conflicto, hay que decirlo, a perderse.
¿En qué momento Chiapas y el zapatismo dejan de ser el epicentro de la vida nacional? y sobre todo ¿por qué?
Analicemos cada vértice de nuestro triángulo de actores. Comencemos por el Estado.
Para 1996, está claro que el Gobierno Federal con dos derrotas políticas frente a sus ofensivas militares ha desechado el choque frontal militar con el zapatismo, y ha optado - hoy lo sabemos con certeza- por la guerra de contrainsurgencia. Pero si el Gobierno Federal, ha sabido leer las movilizaciones multitudinarias de 1994 y 1995, ha sabido leer el creciente apoyo internacional y ha sabido contenerse frente a la prensa global, es de esperarse que su estrategia de respuesta no sólo se base en la guerra de contrainsurgencia, sino esencialmente en una estrategia política para aislar al EZLN de sus principales apoyos y aliados.
En un escenario de descomposición de la gobernabilidad, de debilitamiento de la legitimitidad del Estado, como en 1994 y 95, -provocado no sólo por el levantamiento- la elite abrió un proceso de INCLUSION de la izquierda partidaria como medio de estabilización del sistema en su conjunto. Obligado por la situación inestable y de creciente movilización popular, se construyeron reformas electorales que hicieron posible que la izquierda partidaria accediera a recursos y a los medios masivos de comunicación. Se abre el famoso Diálogo por la Reforma del Estado entre todos los partidos y el Gobierno Federal. Se abre, en síntesis, otro canal para la transición democrática. Se abre otro camino que inutiliza la posición zapatista alrededor del tema de la transición. Se abre un camino institucional que deja fuera al EZLN.
Aclaramos: no se trata de una conjura sistémica reformista. Se trata de una decisión de Estado, obligada por las circunstancias, una decisión para mantener la gobernabilidad y el poder. No se trata tampoco de una concesión, sino de una necesidad largamente postergada. Pero este proceso se realiza bajo las reglas de la elite gobernante, y no bajo las demandas populares de los movimientos que en 68, en 88 y en la coyuntura de 94 exigían democratizar al régimen.
La inserción de la izquierda en el aparato estatal en las elecciones de 1997, con la simbólica victoria de Cuauhtémoc Cárdenas en la Ciudad de México, termina con la lucha por la transición democrática. Pierde sentido la emergencia de la alternancia si la izquierda ha llegado al poder. La etapa anterior ha terminado. La lucha por la transición democrática comienza a desdibujarse.
Chiapas y el zapatismo pierden centralidad porque el momento de crisis política y económica ha sido, de alguna manera, sorteada por el régimen.
La mayoría de los movimientos, desde fines de 1996 ven claramente que la vía de la reforma del Estado se ha abierto. Ya no estamos en 88 y tampoco en 94. Se avecina la entrada al poder. Movimientos campesinos, intelectuales, movimientos urbanos, estudiantiles empiezan a cambiar sus prioridades. Si durante 1994 y 1995 había que concentrarse en la lucha por la paz y la democracia representada en el zapatismo, a finales de 1996, muchos de estos movimientos se aprestan a preparar campañas, promover candidaturas, insertarse en la ola partidaria alrededor de Cuauhtémoc Cárdenas que lo llevará al triunfo del 6 de julio de 1997.
El EZLN empieza a quedarse solo. Hay que decirlo, no sólo por sus disputas con el EPR o su rompimiento con el Frente Amplio de Construcción para el Movimiento de Liberación Nacional (FAC-MLN) o su alejamiento de la Iglesia progresista. El EZLN empieza a quedarse sólo con sus seguidores más fieles, porque los movimientos se insertan en la estructura partidaria para desde ahí acceder al poder, dejando la lucha callejera, las reivindicaciones radicales y el apoyo al zapatismo, para poder entrar a la estructura estatal. Es una decisión que no gira sólo alrededor del zapatismo, es una decisión estratégica interna sobre el rumbo de muchos movimientos.
Los actores empiezan a cambiar: si la solidaridad y el diálogo con el Gobierno habían visibilizado y hecho protagonistas a la iglesia progresista y a los movimientos civiles, estos pierden protagonismo, una vez pasada la emergencia militar, una vez roto el diálogo que permitía amplificar su propia voz y una vez abierta la estructura estatal a la izquierda. Ganan protagonismo en cambio los actores partidarios: el jefe de gobierno, la Asamblea Legislativa, las demarcaciones delegacionales y sobre todo, el Congreso de la Unión. Es un momento de fortalecimiento de las instituciones y de debilitamiento de los movimientos. Es un contexto en donde el EZLN es necesariamente más débil.
El movimiento urbano popular se divide aún más y una enorme porción se inserta en las estructuras partidarias por completo. Enormes contingentes campesinos se ligan a la estructura del partido, ya no más como un movimiento campesino, sino como contingentes corporativos que engrosan las corrientes internas. El llamado movimiento estudiantil representado por mucho tiempo por el CEU histórico, entra de lleno al ejercicio de gobierno, dejando las calles y la universidad, dividiéndose por esa decisión y dejando un vacío en las luchas universitarias que otros actores vendrán a llenar en la huelga de 1999.
El acceso de un sector de la izquierda al poder es nuestra SEGUNDA BIFURCACION histórica.
El creciente aislamiento del zapatismo es ya evidente en agosto de 1996 y se extenderá hasta ahora en la relación del zapatismo con LOS MOVIMIENTOS ORGANIZADOS tradicionales. El propio Marcos lo reconoce en esas fechas:
No sé si se acuerda de nosotros. Señora, ¿tenemos razón en sentirnos solos ahora? Todas esas fuerzas, políticas y sociales, las personalidades y dirigentes, que aceptaron nuestra invitación a construir juntos y en paz un país nuevo, ahora caminan sin nosotros y por otros lados. ¿Dejamos de ser útiles? ¿Ya no servimos? Sea
El EZLN suponemos, analizó esta recomposición y por ello, en esta segunda etapa, todas sus acciones estarán dirigidas primordialmente a la Sociedad Civil no organizada y no en los movimientos tradicionales. Y es que muchos de sus aliados más cercanos, ciertamente, se volvieron funcionarios, dejando atrás las grandes consignas de la Convención, las movilizaciones masivas de 1995, dejaron atrás los foros alrededor del diálogo con el Gobierno Federal y lo más importante: abandonaron a su suerte el llamado a construir el Frente Zapatista de Liberación Nacional.
En medio de la creciente oportunidad por acceder al poder, el EZLN llama, en su cuarta declaración de la Selva Lacandona, paradójicamente, a no tomarlo. Los movimientos y muchos seguidores, simplemente no entenderán esta aspiración que podría parecer ininteligible. Hay pues, un rompimiento creciente con muchas de las fuerzas políticas, mientras que otras se desdibujarán en la nueva coyuntura.
Finalmente, después de la firma de los Acuerdos de San Andrés, del fracaso de la segunda mesa de diálogo sobre Democracia y justicia, el EZLN no hablará más sobre la transición. Lentamente, durante 1996 su discurso se orientará hacia los derechos de los pueblos indios y todas sus acciones, desde ese año hasta 2001 se enmarcará en el cumplimiento de los Acuerdos.
La segunda mesa de diálogo con el gobierno federal, es el clímax de esta primera etapa y representa muy bien lo que deseamos decir sobre estos años. Recordemos la imagen del EZLN sentado frente al gobierno federal, abriendo los temas de la reforma del Estado, con un amplio consenso de los movimientos, llevando de alguna manera a esa mesa la idea del diálogo nacional, representando, como hemos dicho, las aspiraciones nacionales.
Al romperse ese vehículo, el EZLN perderá el recurso que lograba aglutinar las esperanzas sobre la transición, enfocadas en el zapatismo, pero construidas a través de la interlocución con el poder. Los movimientos, roto este vehículo para la posible transición, empezarán un enorme éxodo, de la vía representada en el zapatismo, al camino electoral y las posibilidades del siguiente año partidario: 1997, año del acceso de la izquierda al Estado.
En esta nueva etapa, que va más o menos del fracaso de la segunda mesa de diálogo y el rompimiento del diálogo en 1997 hasta la marcha del color de la tierra en 2001, hay cambios esenciales: el discurso cambia de la ofensiva a la reivindicación. Del discurso de la transformación nacional, a la defensa sectorial. Y las acciones se orientarán a organizar la SOLIDARIDAD con esas demandas y no a impulsar la construcción de fuerzas nacionales de transformación.
Derrotada en sí misma la convención nacional democrática, fracasada la iniciativa del Movimiento por la Liberación Nacional, rota y de alguna manera, erosionada la vía del diálogo, incomprendido el llamado a la formación del FZLN y la NO toma del poder, el EZLN empieza a refugiarse en los silencios, y en acciones cada vez más espaciadas.
El EZLN sabe que el conflicto ha perdido la centralidad. Aparece el discurso de la resistencia. El zapatismo se concentra en la defensa de los derechos de los pueblos indios y sus acciones así lo demuestran: la marcha de los 1,111 en 1997 es “en demanda del cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés y en contra de la militarización de las zonas indígenas”. En 1999, la consulta convocada a través de la quinta declaración de la selva Lacandona es por los derechos de los pueblos indios y contra la guerra de exterminio. Y la marcha de 2001 es denominada, la del color de la tierra.
Las tres iniciativas tienen características en común: entre una y otra hay casi un año de silencio. Las tres reivindican los derechos indígenas. Las tres no hablan más de la construcción de fuerzas nacionales. Las tres llaman a la solidaridad. Las tres están encaminadas a hacer más visible al EZLN frente al país en su conjunto y no sólo frente a los movimientos organizados. A diferencia de la etapa anterior, las iniciativas del EZLN no son para entrar a la selva sino para que el zapatismo salga de Chiapas.
Me parece claro que el EZLN ha tomado una decisión. Seguir haciendo política nacional, pero no con los movimientos tradicionales. Ha comenzado a desconfiar de muchos de ellos, y da prioridad a su propia forma de hacer política. El EZLN, me parece, ha decidido volverse una fuerza nacional a través de su trabajo directo y no a partir de alianzas o frentes. El FZLN se concentra en complementar esta decisión estratégica del zapatismo.
El zapatismo empieza a generar documentos más profundos, no sólo sobre la situación nacional sino sobre lo global. El EZLN esta analizando esta recomposición.
El EZLN sabe que se ha aislado, que los movimientos se han alejado y prepara a sus bases para una posible ofensiva militar. Durante 1997, 1998 y 1999 esta se concreta y se responde con resistencia civil pacífica. El EZLN responde a la agresión militar, paramilitar y policial prácticamente solos, acompañados sólo por la presencia de innumerables pero pequeñísimas caravanas, de acciones de solidaridad en todo el país, que sin embargo, no tienen ya la fuerza política de la primera etapa. La ofensiva gubernamental se detiene en esta etapa, mas por la resistencia civil pacífica del zapatismo, por la indignación internacional y los pequeños esfuerzos nacionales, que por una verdadera fuerza de la sociedad civil mexicana, como la del 12 de enero de 94 o febrero y marzo de 95.
Para el EZLN no hay salida, como la hay para la izquierda partidaria y por eso la simbólica quema de urnas en sus territorios en la elección de 1997. Para el EZLN no hay solución y por eso llama a su único recurso: la sociedad civil, la consulta de 1999 y a través de ella, fortalece el proceso organizativo de muchos de sus seguidores. El EZLN usa su mejor carta frente a la alternancia en el gobierno federal: que la Comandancia viaje a la ciudad de México. Todos sabemos cómo termina esa historia. El EZLN en esta etapa ha abandonado la idea de constituirse como la dirección política de un gran movimiento nacional con otras fuerzas políticas. Al llegar a la Ciudad de México, recordemos, el Subcomandante Marcos señala: México, no venimos a decirte qué hacer. La derrota de la marcha del color de la tierra es nuestra tercera bifurcación para entender al zapatismo.
Momento tercero: El silencio de la autonomía
Lejos del Estado. Lejos de los movimientos sociales tradicionales. Concluido el influjo del levantamiento y su carácter insurreccional, el zapatismo construye pacientemente “otra cosa”. Después de 11 años de vida pública, creo que el zapatismo ha empezado a analizar en tiempos largos y no en los acontecimientos coyunturales que pueden perder a cualquiera en la política nacional. Al final, en estos 11 años ellos han visto pasar innumerables funcionarios, gobernadores, secretarios de gobernación y hasta presidentes. Pero también han visto pasar aliados supuestamente eternos, movimientos que han jurado lealtad, efímeras expresiones de solidaridad que luego se desvanecen. Pero el zapatismo persiste. El nuevo zapatismo, desde que termina la marcha del color de la tierra, es un zapatismo más radical, más profundo, más maduro. Es un zapatismo que sirve como referente nacional y global. La influencia zapatista es, después de la marcha del color de la tierra y la creación de las juntas de buen gobierno, mucho mayor, que el zapatismo sentado en San Andrés. El zapatismo de hoy, indeleble en la historia nacional, determinante para los movimientos en las primeras etapas, es pues, un zapatismo que SIGUE CONSTRUYENDO un proceso histórico.
El triángulo ha vuelto a reconformarse. Un torpe gobierno Federal ha empantanado al país en su conjunto. El Estado se cierra por completo al EZLN y al movimiento indígena a través de sus tres poderes y el zapatismo y muchos de sus seguidores en el país y en el planeta empiezan a preguntarse entonces si las instituciones y el Estado sirven realmente para algo. La izquierda partidaria, se vuelve una caricatura de lo que fue, después de dos elecciones internas fraudulentas, de su vertical papel en la huelga universitaria, después de su voto en el Senado por otra ley indígena. El aparato partidario se convierte en una máquina mercadotécnica que a punta de spots trata de convencernos que tiene un programa de izquierda. El partido se dice cercano a la gente. Esta claro para todos entonces, que no es un partido de la gente misma.
Los movimientos vuelven a rotar. Mientras en la anterior etapa los movimientos y muchos de sus cuadros se hacen visibles en las estructuras gubernamentales, hoy se desdibujan con numerosas victorias, con alianzas con sectores del priísmo tradicional, con enormes campañas mediáticas.
La sociedad civil se ha transformado por completo: intelectuales, artistas y académicos han dejado de impulsar iniciativas por su cuenta alrededor del zapatismo. La iglesia y el sector civil perdieron protagonismo desde hace tiempo. La huelga universitaria marcó el relevo de una generación que tiene una influencia distinta del zapatismo; el movimiento estudiantil prácticamente desapareció como tal y lo que tenemos ahora es una pléyade de grupos desarticulados entre sí, lo que hace que pierdan protagonismo.
Surge un segmento del sindicalismo que yo llamaría progresista, que resiste las iniciativas neoliberales del Gobierno Federal. Es esencialmente un segmento reactivo y corporativo, no necesariamente un movimiento desde las bases contra las reformas neoliberales. Ese segmento obrero, que nunca se movilizó y no fue un actor relevante en las otras etapas, no tuvo la oportunidad real de ser interlocutor del zapatismo. Es, en muchos sentidos, el sector del movimiento que está más alejado del proceso del zapatismo.
La solidaridad con el zapatismo en lo nacional, continúa, pero a través de una constelación de pequeños colectivos y espacios en todo el país que siguen llevando a las comunidades el producto de su trabajo. Se ha vuelto en los últimos años, más importante la solidaridad internacional con el zapatismo que la nacional.
El zapatismo, ha cambiado su discurso y sus interlocutores. Mientras en la primera etapa que hemos hablado, sus cartas y comunicados tienen como principal referente a actores nacionales y problemas mexicanos, si la comparamos con esta última etapa, es decir, desde el final de la marcha del color de la tierra, hasta ahora, hay una diferencia abismal:
En 1994, si revisamos las cartas y comunicados, los interlocutores del EZLN son sólo mexicanos: hay mensajes para el CEU, CNPA, para innumerables movimientos locales de resistencia, ONGS, a Cuauhtémoc Cárdenas, al Consejo 500 años de resistencia, para la caravana de caravanas, a intelectuales y académicos, a Don Samuel, al grupo San Angel, a la Iglesia mexicana.
Los ejes de los mensajes, son paz y democracia. Revisando esta última etapa hay diferencias importantes:
El EZLN radicaliza su análisis: habla mucho más de globalización, capital y Estado. Su análisis se vuelve cada vez más abstracto y cada vez más global: no habla más de la nación sino del sistema en su conjunto: documentos como las “características de la IV guerra mundial”, “la pluma puede ser también una espada”, o “7 pensamientos en mayo” reflejan un intenso debate interno y con sus nuevos interlocutores. Si los ejes paz y democracia han prácticamente desparecido, se hacen evidentes tres nuevos ejes: rompimiento con la clase política, experimentar con hacer otra política no tradicional y un intento de globalizar su discurso: hablan por primera vez de Cuba, hablan con vehemencia contra la guerra en Irak, tienen su disputa con ETA y hablan abiertamente con Vía Campesina, hablan de Miguel Henríquez y se enlazan con una parte de la izquierda chilena, envían comunicados a Argentina retomando el “que se vayan todos”, ganando adeptos en el cono sur; le hablan al ruso en Madrid, donde el zapatismo es un fenómeno.
En fin, creo que el zapatismo, y el largo silencio después de la marcha del color de la tierra significó un intenso debate interno del cual creo identificar varios ejes:
1) La clase política tal y como está configurada en este sexenio, no responderá a las demandas de transformación. Esta es una etapa de acumulación de fuerzas, hay que construir hacia adentro.
2) El Estado-Nación, es un subsistema del sistema global con muchas limitaciones para lograr cambios verdaderos. La lucha es contra el sistema en su conjunto y no sólo nacional.
3) El EZLN después de la consulta y de la salida de los 5000 zapatistas en 1999 y de la marcha del color de la tierra en 2001, tiene una radiografía de sus simpatizantes, especialmente en la región centro y sureste del país. Lentamente, creo que la decisión en el largo plazo es generar un proceso con esos seguidores, pero priorizan un trabajo silencioso a través del FZLN, con muchas deficiencias pero enmarcado más en la generación de redes. El Plan la Realidad Tijuana es el marco de esa construcción, y, aunque es un proceso muy pequeño, existe.
4) Por último, y esto es importante: el EZLN tratará de salir de México, o si esto no es posible, tratará de articularse lo más posible con fuerzas globales y por tanto no dará prioridad a los actores nacionales tradicionales.
5) Por supuesto, la autonomía de facto es el quinto elemento que el EZLN ha decidido, pero las juntas y caracoles son la decisión más clara y evidente.
El zapatismo ha hecho una apuesta que no se inserta en la lógica tradicional. Ellos esperan a que la clase política se reconforme para lanzar una nueva iniciativa. Saben o analizan quizá, que este sexenio, que esta presidencia está muerta y que, por más escándalos o acontecimientos que nos venda la prensa comercial, en realidad en este sexenio no ha pasado nada, ni avanzamos, ni retrocedemos. Hay muchas amenazas, si, pero ninguna se concreta. Estamos en un punto muerto.
Creo, además que el zapatismo apuesta a los tiempos largos, que son los de los cambios sociales. Creo que apuestan a un lento proceso de construcción, pero saben también que desde el 1 de enero de 1994 hasta ahora, su papel, su imagen simbólica, han crecido por todo el mundo de manera exponencial. Ellos utilizarán esa carga, ese poder. Saben hacerlo. Pero creo que no lo usarán en los términos en que estamos acostumbrados: en la inmediatez de la coyuntura, donde los acontecimientos son polvo; en la política estatal, donde las reglas de la política te hacen ser uno de ellos. Creo además, quizá, que en este momento preparan una nueva iniciativa, impredecible, por su propia lógica interna.
Creo que el plan la Realidad-Tijuana, las juntas de buen gobierno, esta tercera etapa, representan otra política, otras forma de hacer política, cuyos resultados se viven cada día y cuyos frutos se consolidarán, quizá en tiempos largos.
El silencio de los caracoles, representa, el andar en silencio hacia otra cosa, hacia otro mundo, hacia el mañana. Nuevas bifurcaciones vendrán. Habrá que entenderlas, para seguir entendiendo al zapatismo.
Fuente: Revista Contracultural
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