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| OPINION | AÑO 2006
| FECHA DE PUBLICACION: 26/12/2005 |
| Alegría para luchar, rebeldía para seguir soñando |
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Cambiamos de año, pero no cambiamos de vereda. Llevamos en el cuerpo todas las cicatrices de las resistencias. Llevamos todos los dolores de las ausencias que nos acompañan. No nos olvidamos. No nos reconciliamos. No nos resignamos. |
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Ellos quieren derrotar nuestra capacidad de soñar y de imaginar, de crear y de habitar un mundo nuevo.
Nos dicen que el futuro nuestro es este presente de exclusiones y miserable compra-venta de voluntades.
Nos dicen que el sueño latinoamericano y antiimperialista hoy se expresa en el pago al contado de las deudas ilegítimas e inmorales con las que nos esquilmó puntual y minuciosamente el FMI.
Nos dicen que la memoria quedará bien guardada en el museo del espanto.
Nos dicen que los derechos humanos son un lujo que no deben reclamar los hambrientos, los sin trabajo, los sin techo, los sin tierra.
Nos dicen que reclamar derechos es desestabilizar los devaluados y acomodaticios sueños de los funcionarios aferrados a su bienestar individual.
Nos dicen que la resistencia fue una maravilla en el 73, pero que es un anacronismo en el 2006.
Porque ahora -esto no lo dicen- el poder son también ellos, y no soportan que nosotros sigamos siendo los mismos otros y otras que siempre fuimos en la historia: la rebeldía que continúa.
Nos dicen que quienes se sientan en la mesa del poder, son los que sí comprenden. Y que los que pretendemos sembrar la tierra con semillas que derrumben sus muchas formas de poder, nunca entenderemos.
En realidad, no dicen nada nuevo. Es el viejo discurso de los que mandan, de los que tienen, contra los expropiados y las expropiadas de la historia.
Ahora va nuestro mensaje para el año que se inicia...
A ellos no les deseamos prosperidad. Porque la prosperidad de los poderosos, sólo chorrea miseria para los olvidados. A ellos, sólo les deseamos que se vayan todos.
Y para nosotros, para nosotras, nuestra esperanza es que sepamos rehacer cotidianamente la alegría necesaria para continuar la lucha.
Que sepamos transformar el dolor de las ausencias, en multiplicación de solidaridades.
Coraje para soñar.
Rebeldía para burlarnos del poder.
Resistencia para continuar la marcha.
Fuerza para la pelea.
Inteligencia para no creerles y sí creernos.
Ternura en nuestros vínculos.
Imaginación para hacer de cada instante, un tiempo de lucha, un presente nuestro. Una victoria cotidiana, siempre.
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