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| AGRO | ARGENTINA
| FECHA DE PUBLICACION: 09/01/2006 |
| Sojización: Retorno al Modelo Agroexportador, latifundio y dependencia - PARTE II |
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"Poco a poco se irá reconstruyendo el estatuto del coloniaje, reduciendo a nuestro pueblo a la miseria, frustrando los grandes ideales nacionales y humillándonos en las condiciones de país satélite. Esa es la verdad documentada, que no quiere ser sino un humilde aporte al conocimiento de hechos que interesan al porvenir de nuestra Patria y de nuestros ciudadanos. Sólo aspiro a que el lector, superando toda bandería y todo sectarismo, se aboque a la verificación de las cifras y de los hechos consignados. Que no se deje encandilar por los fuegos artificiales de los hombres magos, de esas creaciones míticas con que los imperialismos pretenden explotar la ingenuidad de los pueblos jóvenes..." Arturo Jauretche |
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2.- Sojización. Por medio de la propagación del monocultivo de soja y la expansión casi sin límites de la ‘sojización’ -Siembra Directa-semilla transgénica RR-aplicación creciente de glifosato y luego otros herbicidas-fertilización creciente-grave alteración del ecosistema agrícola-devastación de formas de vida microbianas, vegetales y animales- concentración creciente y explosiva del sistema de producción para mantener rentabilidad-expulsión masiva de chacacreros-expulsión masiva de mano de obra rural y ‘ennegrecmiento’ de la restante- que ya representa el 53. 3 % del total de la producción total de granos en la presente campaña agrícola, lo que se ha producido es un retorno al modelo agroexportador vigente en nuestro país entre 1862 a 1943. Es una nueva versión del modelo impuesto por Gran Bretaña y sus agentes locales: la oligarquía unitaria-liberal-portuaria porteña. Comercial primero, luego comercial-terrateniente-financiera, siempre cipaya, a partir de las derrotas nacionales de Caseros y Pavón en el siglo XIX. Es en particular luego de Pavón cuando nos transformamos en la Granja de Gran Bretaña en el llamado y tan mentado ‘Granero del mundo’. En realidad la larga guerra civil iniciada en 1810 con el derrocamiento y posterior asesinato de Moreno y extendida hasta 1870 con las últimas sublevaciones de Felipe Varela y López Jordán, no fue más que la pugna feroz entre los dos proyectos emergentes de nación. Uno americano, federal, inclusivo, criollo, mestizo, indígena, igualitario, proteccionista, autosuficiente, con distribución democrática de la tierra e independiente, encarnado en el Plan de Operaciones de Moreno, llevado adelante por Castelli, Belgrano, San Martín, Monteagudo, Artigas, Güemes, los caudillos federales del interior, Gaspar de Francia y los López -en el Paraguay-, Quiroga, López, Bustos, Dorrego y los mejores momentos de Rosas -en particular después de 1835 y el movimiento federal en su conjunto. El otro, el proyecto de ser colonia británica, factoría comercial con cabeza en el puerto de Buenos Aires, con el interior como colonia de Buenos Aires, el puerto como almacén de la industria británica, intermediario de los aranceles por los cueros, las vacas, la lana, el ganado y luego los granos y sectores de rápido enriquecimiento con la anulación o exterminio de inmensas mayorías de población. Este último fue el Proyecto triunfante pese a las sucesivas derrotas inflingidas por las masas criollas. Su triunfo no es ajeno a que el mismo contaba con el apoyo inacabable e implacable del Imperio Británico y su partido porteño. Proyecto sustentado sucesivamente por los partidos Directorial, Unitario o Liberal porteño. Es decir vivir con lo nuestro y para nosotros, tener mercado interno como base de desarrollo. O Vivir para el mercado mundial, producir lo que el mercado mundial necesita. Es decir tener al mercado externo como determinante del desarrollo. Lo que se denomina ‘modelo de desarrollo hacia afuera’. Producir para el Pueblo argentino o producir contra el pueblo. Interpretar al soberano o educar al soberano con ‘ciencia y palo’. En otras palabras: priorizar a nuestro pueblo y a nuestra nación que constituyen el mercado interno, o ser una colonia-factoría de otra nación que tiene su mercado interno protegido y nos usa de granja y consumidores de sus productos y sustrae en forma permanente nuestro capital de acumulación -nuestra plusvalía, de trabajo sobre trabajo- para impedirnos construir nuestro desarrollo propio. Ser nación o ser colonia esa era y volvió a ser la cuestión.
Don Arturo Jauretche -pensamiento que es necesario relegitimar en la vida académica, ya que parte del pensamiento colonial que gobierna la ideología universitaria desde 1983, lo considera ‘autoritario y no académico’. Pues bien, Don Arturo fue muy claro al reseñar los proyectos posibles a construir en el siglo XIX. En la presentación en Buenos Aires del célebre -e inhallable- libro ‘Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX’, del historiador británico Harry Ferns. Jauretche suscribió y profundizó las palabras de Ferns: “tienen que preguntarse sí, después de la caída de Rosas, no había llegado la hora de la clase mercantil urbana, y sin presión extranjera, esa clase no hubiera podido construir en las orillas del Río de la Plata una comunidad como la que construyeron los norteamericanos en los Estados Unidos después de la Guerra Civil: una potencia industrial y financiera en expansión no trabada por poderosos intereses rurales”, dice Ferns y agregaba Jauretche: “¿Qué sería de ese progreso que tanto los envanece si en lugar de habernos adscriptos como los norteamericanos del Sur a la política de Gran Bretaña cumpliendo el sólo objetivo de construir la granja dependiente, se hubiese realizado la hipótesis que plantea Ferns paralela a la de los norteamericanos del Norte: “Argentina potencia industrial y financiera en expansión no trabada por poderosos intereses rurales”, por naturaleza, dependientes. ¿Qué sería por comparación ese progreso de que se jactan frente al del país potente que pudimos ser? (...)
El así llamado progreso liberal tiene dos caras: es progresista en cuanto necesita la inmigración, el puerto, el ferrocarril, la vivienda, el Código Civil, el alambrado, el refinamiento de las haciendas, la paz interior, en fin todos los elementos que contribuyen al desarrollo de una producción agropecuaria barata como suministro colonial. Pero es antiprogresista en cuanto impide el desarrollo de la producción industrial propia, el manejo nacional, aun de esa misma producción agropecuaria, de los medios de transporte y comercialización, de la dirección financiera por medio de la banca, de la diversificación productiva y del estímulo de las zonas cuya producción no interesa, y de todo nivel de vida y cultura técnica, cuyo desarrollo importa el surgimiento de un país con propios intereses, más fuertes que los vinculados a la estructura colonial dependiente y un mercado de consumo interno en constante crecimiento que fija por el costo y el consumo un valor de adquisición que la metrópoli no desea pagar” (3) Es bueno retener eso de ‘los poderosos intereses rurales por naturaleza dependientes’, señalando como ejemplo que los EE.UU., solo pudieron llevar adelante su plan de gran nación -su Destino Americano- cuando derrotaron al Sur esclavista, rural y... dependiente de Gran Bretaña, deseoso de continuar siendo factoría británica. El Norte necesitaba las materias primas que el Sur exportaba a Gran Bretaña, el mercado, las tierras y a los esclavos como consumidores para expandir su industria y consolidar su capital financiero. El Norte derrotó al Sur, liberó a los esclavos -sin darles derechos políticos- los transformó en granjeros o asalariados, es decir en consumidores, cerró las fronteras económicas de EE.UU., hasta 1945, lanzándose a una expansión en todas direcciones, concentrando todos sus esfuerzos en una industrialización a rajatabla, generando y utilizando su propio capital financiero, sin permitir que los productos o especulación del capital británico penetrara en sus fronteras sin su control, construyendo su gran nación. En nuestro país por el contrario, con Saavedra y el Deán Funes primero, con Rivadavia y Alvear luego, pero principalmente con Mitre, Sarmiento y Roca, al final ganó el ‘Sur’. Ganaron los intereses de la dependencia y la factoría británica por sobre los de la nación y la Patria Grande. ‘Cuando uno conoce a la Argentina, se imagina como hubieran sido los EE..UU., si la guerra de secesión la hubiera ganado el Sur’.(4) Escribió un periodista norteamericano que trabajó muchos años en la Argentina.
3.- La Rubia Albion. Fue George Canning en 1824 quien señalara el plan estratégico del Imperio Británico, que daría por resultado nuestra sumisión al modelo del granero del mundo: ‘Los hechos están ejecutados, la cuña está puesta. Hispanoamérica es libre y si sabemos dirigir bien el negocio, es inglesa.’(2) De tal forma el rol de las logias y agentes británicos sería decisivo en los resultados de esa larga guerra civil que enfrentan a los dos proyectos de nación. Guerra que se resuelve con el abandono del combate por parte de Urquiza en la batalla de Pavón y el posterior genocidio producido por el ejército de Mitre y Sarmiento sobre el ejército Nacional Federal -es decir sobre el ejército legal de la Confederación Argentina, régimen legal de nuestro país hasta 1862, en que pasamos a ser la República Argentina. República sin voto ni soberanía popular hasta 1916- y las masas criollas del interior. Masas a las que Sarmiento propone -y lleva a cabo- lisa y llanamente exterminar apenas producida la traición de Pavón: ‘no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos.(5) José Hernández explica el humanismo sarmientino: ‘Sarmiento, que además de caracterizarlo de bandido -al General Chacho Peñalosa. AJL-, vándalo y ladrón, lo hostiliza y hace perseguir implacablemente a sus hombres, incorporándolos por la fuerza a los peores destinos militares, después de apoderarse de sus mujeres y propiedades.
Unos meses antes le escribía a Mitre sobre Sandes: "Si mata gente, cállense la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor(..)...he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses". (7) Y en una prefiguración terrible de la ideología del terrorismo de Estado que aplicarían Videla, Menéndez y Massera, explicitaba: ‘El derecho no rige sino con los que lo respetan, los demás están fuera de la ley.’(23) El mismo Sarmiento explicará sin pelos en la lengua cual es el proyecto que la llamada ‘generación del ‘80’ -a la que la dictadura de Videla decía imitar- está construyendo en base al genocidio permanente de los americanos y la sumisión a Gran Bretaña: ‘La clase decente forma la democracia, ella gobierna y ella legisla.(..) Cuando decimos pueblo entendemos los notables, activos, inteligentes: clase gobernante. Somos gentes decentes. Patricios a cuya clase pertenecemos nosotros, pues, no ha de verse en nuestra Cámara, ni gauchos, ni negro, ni pobres. Somos la gente decente, es decir patriota.(..) las masas populares cuando llegan al poder establecen la igualdad por las patas, el cordel nivelador se pone a la altura de la plebe y !ay de las que lo excedan de una línea! El ejercicio de la soberanía popular traería como consecuencia la elevación de un caudillo, que representa en todos sus instintos la mayoría numérica en despecho de la minoría ilustrada.(..) Ud., (le dice a Mitre) ha de tener la gloria de establecer en toda la República el predominio de la clase culta, anulando el levantamiento de las masas(..) puede declarar el plan definitivo: asegurar los principales puntos de la República con batallones de línea, o lo que es lo mismo, apoyar a las clases cultas con soldados contra el levantamiento del paisanaje’ (6)
4.- El genocidio como política permanente. Una enorme cifra de entre 30.000 y 50.000 criollos fueron asesinados entre1861 a 1870, por las hordas ‘civilizadoras-degolladoras’ de Mitre y Sarmiento, según denunciaran el senador Nicasio Oroño y el Coronel Felipe Varela. El equivalente de más de 350.000 argentinos de 1976. Completados luego con el exterminio del pueblo paraguayo y su modelo de economía autosuficiente, independiente, de mercado propio, sin deuda externa, con propiedad estatal de minas, tierras y fábricas. Con producción propia de algodón, telas, tinturas, tabaco, papel, acero y ferrocarriles -los únicos en la América española de entonces. Sigue luego el exterminio de la población afro-argentina como carne de cañón en dicha guerra y entregada a la muerte más vil en la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Hablamos de 750.000 paraguayos asesinados o llevados como esclavos a Brasil, sobre1millón de habitantes y no menos de 30.000 afro-argentinos. Luego prosigue el genocidio Mapuche-Tehuelche-Pampa-Ranquel -1.3 millones de argentinos originarios poblaban la Patagonia hacia 1850. Completando así los cuatro genocidios que dan origen a la nación liberal. Los mismos producen la liquidación de las fuerzas que impulsaban un modelo de nación autosuficiente, independiente, soberano, no endeudada y centrada en el aprovechamiento de sus recursos para el bienestar de nuestro pueblo. Línea que Mariano Moreno había explicitado en su Plan de Operaciones en cuanto a que ‘el mejor gobierno es aquel que hace feliz a mayor número de individuos’(1) es decir todo lo contrario al tan mentado, ‘que quieren que haga pobres hubo siempre’ expresado reiteradamente por el infame traidor a la Patria nacido en Anillaco. Pero Moreno también proponía medidas para hacer feliz al mayor número de individuos. En su Plan Revolucionario -la pieza fundante de nuestra nación- es muy claro al respecto y no lo proponía para lo que hoy es la Argentina, sino para la América española comprendida desde Panamá hasta el Cabo de Hornos.
Propiciaba además sublevar a los esclavos brasileños para sumar enormes extensiones del Brasil esclavista a la Revolución y poder constituir una enorme potencia americana. Moreno, nuestro Padre fundante, es muy claro sobre el plan a seguir, ‘las medidas a adoptar consistían en expropiar quinientos o seiscientos millones de pesos en poder de cinco o seis mil individuos, expropiación que beneficiaría a ochenta o cien mil habitantes. Esa enorme suma de dinero en manos de una minoría, “no puede dar el fruto ni fomento de un estado, que darían puestos en diferentes giros en el medio de un centro facilitando fábricas, ingenios, aumento de la agricultura, etc.(..) En esta virtud, luego de hacerse entender más claramente mi proyecto, se verá que una cantidad de doscientos o trescientos millones de pesos, puestos en el centro del estado para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, etc., producirá en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesite para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan; pero como esta materia no sea de este tratado, paso a exponer los medios que deben adoptarse para el aumento de los fondos públicos’.(..) Moreno encara el problema básico de la Revolución: poner en movimiento y transformar en generadoras de trabajo, bienestar general y riqueza colectiva las cuantiosas fortunas atesoradas por la minoría de monopolistas y usureros.
De este modo la agricultura, la manufactura y la navegación podrían desarrollarse y el país se independizaría del comercio extranjero’ (8) Estas medidas son acompañadas en forma concreta por Castelli y Belgrano -el brazo armado de la Revolución- entregando tierras a los pueblos indios del Alto Perú y de las Misiones Guaraníes. (Reglamentos Provisionales de Castelli y Belgrano a nombre del gobierno Revolucionario). Suprimían taxativamente el sistema de servidumbre y esclavitud de obrajes y encomiendas. Belgrano llega a sancionar hasta un Reglamento de Trabajo para los Guaraníes contra la explotación de que eran objeto, fijando salarios y horas de trabajo. Belgrano también expropiará y repartirá riquezas de los terratenientes realistas de Jujuy, Salta y Tucumán.
Derrotada la Revolución, será San Martín quien expropie riquezas y distribuya tierras en Cuyo y Perú. Güemes lo hará en Salta y por eso será asesinado por la oligarquía salteña. Pero será principalmente José Artigas quien dicte la Ley de Tierras en 1815: ‘se trataba de establecer un nuevo orden rural, recuperar la ganadería, poblar y distribuir la propiedad con el criterio de que “los más infelices sean los más priviliegiados.” Las tierras no ocupadas y las confiscadas a “los malos europeos -españoles.AJL- y peores americanos” debían repartirse en suertes de estancia a los solicitantes con carácter de donación, dando preferencia a los negros, zambos, indios y criollos pobres.’ (24) No en vano la oligarquía porteño-británica compró a Pancho Ramírez y a E. López haciendo perseguir a Artigas con la orden de impedirle cualquier contacto con la población india, gaucha o pobre, la chuzma y acorralarlo hasta la muerte. Cosa que el Supremo Entrerriano cumplió a rajatabla enterrando al Protector de los Pueblos Libres -nuestro Padre Artigas- en el Paraguay. Bebería luego el ‘Supremo Entrerriano’ su misma bebida, dado que Roma no paga traidores. Su cabeza descansaría sobre el escritorio del otro comprado por el oro de Sarratea: Don Estanislao López el fundador del federalismo estanciero. No casualmente no hubo monumento a Artigas en Buenos Aires hasta 1980. Y bastante escondido está por cierto. Pero el Gran Oriental la tenía clara. Cuando en 1835 ya fundado el Estado tapón-factoría británico de la República Oriental del Uruguay, Lavalleja –que ya había invadido y exterminado a los bravos Charrúas, ejercitando la limpieza étnica de los unitarios liberales- envía a buscar a Artigas al Paraguay. El Padre Artigas ya anciano responde: ‘El Uruguay no es mi Patria. Yo ya no tengo Patria.’.Claro él hablaba de la Patria Grande Americana derrotada por el proyecto porteño-británico triunfante. Para dejar más claras las cosas al morir dejó expresado en su testamento: ‘Yo Don José Gervasio de Artigas, argentino de la Banda Oriental...’(25)
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Notas:
16 Jauretche Arturo. Ediciones Centro E.S. Discépolo. 2004
17 Página12, marzo 2005
18 Marx Karl, op.cit.
19 Hernández Arregui Juan José, Imperialismo y Cultura. Plus Ultra 1974
20 INDEC Censo Agrario 2001.
21.- Lewin Miriam. Perfil. 30-10-05
22.- Clarín 3-2002
23.- Carta de Sarmiento a Mitre del 18 de noviembre de 1863, A.J. Pérez Amuchástegui. op.cit T.4
24.- Chumbita Hugo. Curso de admisión de Historia Argentina. UNLMatanza. 2004.pag 44
25.-Revista Desmemoria. Nº19-20
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