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| CHE GUEVARA | ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL CHE
| FECHA DE PUBLICACION: 16/06/2006 |
| Graduado de hombre y más |
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El 14 de junio se cumplieron 78 años del nacimiento de Ernesto Che Guevara, argentino, cubano, latinoamericano y ciudadano del mundo. Durante su vida, supo ser ejemplo de hombre sensible, compañero solidario y soldado comprometido con la lucha de los pueblos, convirtiéndose en símbolo más allá del tiempo y las fronteras. |
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“Creemos, y después de este viaje más firmemente que antes, que la división de América en nacionalidades inciertas e ilusorias es completamente ficticia”, explicaba el 14 de junio de 1952 un Ernesto Guevara que cumpliendo 24 años proponía un brindis por “América Unida”, antes de partir de Perú por el Amazonas en la nave “Mambo” como parte de la aventura emprendida con su amigo Alberto Granado.
El pasado miércoles 14 de junio, el Guerrillero Heroico habría cumplido 78 años. Nacido en la ciudad de Rosario, Argentina, hijo de Celia de la Serna y Ernesto Guevara Lynch, el Che decide desde muy joven recorrer ciudades y naciones en una búsqueda personal que lo llevará a formar parte de la Revolución Cubana y convertirse en símbolo vigente de la lucha de los pueblos. “Yo nací en la Argentina. Tengo un sustratum cultural argentino y al mismo tiempo me siento tan cubano como el que más. Siento el sufrimiento de cualquier país de América y también del mundo”, diría Guevara en una entrevista al poco tiempo del triunfo revolucionario en Cuba.
En 1953, luego de graduarse como médico en la Universidad de Buenos Aires, Ernesto Guevara emprende su segundo viaje por América Latina. Su inquietud social siempre presente en él lo llevó a adentrarse en pueblos y naciones donde fue descubriendo su verdadera vocación revolucionaria. Durante su residencia en Guatemala y ante los ataques al gobierno democrático y popular de Jacobo Arbenz, el Che se involucró en actividades políticas en las que tuvo oportunidad de conocer exiliados cubanos, con quienes más tarde, derribado Arbenz, retomaría contacto en la Ciudad de México.
En julio de 1956, en una carta a sus padres, Ernesto escribía: “Hace un tiempo, bastante tiempo ya, un joven líder cubano me invitó a ingresar a su movimiento que era de liberación armada de su tierra, y yo, por supuesto, acepté”. Obviamente, aquel joven era Fidel Castro. El 25 de noviembre de ese mismo año, ochenta y dos combatientes, incluyendo a Ernesto Guevara como médico, salen de México hacia Cuba en el pequeño yate “Granma”, con el que llegan a la isla el 2 de diciembre de 1956. En julio de 1957, luego de la mayor victoria obtenida en Sierra Maestra hasta el momento, el Che obtiene el rango de Comandante y el 1 de enero de 1959 el Ejército Rebelde logra vencer a la dictadura de Fulgencio Batista.
En 1965, consolidada la revolución cubana y teniendo frente a sí nuevos destinos en los que forma parte de una misión internacionalista en el Congo, el Che escribe una carta de despedida a sus padres: “Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo. (…) Muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades”.
Sin embargo, la lucha del Guerrillero Heroico no acaba en África, sino que continúa en América del Sur, cuando a casi un año de su regreso del Congo decide partir de Cuba rumbo a Bolivia, adonde llega el 3 de noviembre de 1966 disfrazado y con una identidad falsa. “Mi casa ambulante seguirá teniendo dos piernas y mis sueños no tendrán fronteras… al menos hasta que las balas no digan la última palabra”, escribirá el Che a su antiguo compañero de aventuras, Alberto Granado.
Pero las balas lo encontrarán en Bolivia el 8 de octubre de 1967 en su último combate librado en la quebrada del Yuro, cuando las fuerzas enemigas logran herirlo y lo trasladan a La Higuera, asesinándolo por orden de los altos mandos militares el 9 de octubre.
“Este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más alto de la especie humana, pero también nos permite graduarnos de hombres”, dijo un día el Che a los guerrilleros en Bolivia. Su lucha fue heroica en aquel entonces y su enseñanza noble. Hoy el mundo lo recuerda porque sus sueños siguen vigentes y su ejemplo continúa alumbrando el camino.
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