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| AMERICA | ANALISIS
| FECHA DE PUBLICACION: 23/05/2009 |
| Nacionalizaciones, “burguesía nacional” y crisis global |
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La crisis financiera global y la caída del “muro de Wall Street” ponen de manifiesto el rol del Estado y su carácter de clase en el marco de modelos que apelan a similares herramientas económicas, pero con objetivos distintos. Se derrumbó el Consenso de Washington, pero la pregunta es: si el capitalismo logra estabilizar su crisis ¿cuánto tardará en reimplantarlo? |
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Se dice que la crisis global, con sus secuelas de desocupación y quiebras de empresas ha destruido los paradigmas neoliberales y el Consenso de Washington, aunque en lo concreto los grupos de poder económico a escala mundial y las “burguesías nacionales” intentan reimplantar sus postulados, y como ejemplo basta mencionar el oxígeno otorgado al FMI por el G-20.
Es en este marco que se deben analizar las nacionalizaciones llevadas a cabo por los Estados y su carácter de clase y como se paran frente a ellas las “burguesías nacionales”.
Los gobiernos de los Estados Unidos y Europa salieron al salvataje de bancos, financieras y empresas industriales -en muchos casos nacionalizándolas- que merece el aplauso de los teóricos neoliberales –privatistas de la primera hora- y de esas burguesías latinoamericanas que rechazan la “injerencia” del Estado en la economía.
Sin embargo, la ola de nacionalizaciones implementadas por los gobiernos de Venezuela y Bolivia provoca el rechazo de esos sectores y acuden a los argumentos del neoliberalismo para condenar el “autoritarismo” de Hugo Chávez y Evo Morales.
¿Por qué para esos grupos es correcta la fuerte injerencia del Estado en Europa y los Estados Unidos y en cambio es un método propio de dictaduras lo que ocurre en Venezuela y Bolivia?
Porque el carácter del Estado y el destino económico de las nacionalizaciones es diametralmente opuesto.
En los Estados Unidos y Europa se trata de salvar a los grupos económicos que provocaron la catástrofe para que el sistema capitalista siga funcionando en base a una gigantesca reestructuración que conlleva la destrucción de millones de puestos de trabajo para bajar los costos.
Esto es, reciben billones de dólares por parte del Estado para mantenerse en pie, pero a la vez despiden a millones de trabajadores para mantener las ganancias y socializar las pérdidas, es decir, trasladando a toda la sociedad esas pérdidas, apropiándose de los ingresos de trabajadores y sectores de la clase media.
Esto es lo que marca el carácter del Estado capitalista.
En los casos de Venezuela y Bolivia, con las nacionalizaciones de empresas y del petróleo se busca socializar las ganancias trasladando de alguna manera –en algunos casos indemnizaciones mediante- las pérdidas a los grupos económicos concentrados.
Socializar las ganancias significa, en síntesis, que los beneficios de esas nacionalizaciones lleguen a toda la sociedad, en especial a los trabajadores y a los sectores más empobrecidos en una redistribución de la riqueza que forma parte de una decisión política de Estados apoyados en fuertes movimientos de masas.
Esto es lo que marca, también, el carácter de esos Estados, que algunos sectores de izquierda llaman “capitalismo de Estado” y otros caracterizan como procesos que avanzan hacia un socialismo no dogmático.
Ante esta situación las “burguesías nacionales” latinoamericanas buscan fortalecer polos de derecha para que el ejemplo de Venezuela y Bolivia no se siga expandiendo. Remarcan la necesidad de que el Estado subsidie a sus empresas mediante distintos mecanismos, pero que no intervenga sobre sus ganancias para participarlas de alguna forma con los sectores menos favorecidos de la sociedad. Esto es, Estado para subsidiar y mantener la acumulación de ganancias empresarias y continuar socializando pérdidas con la sociedad.
No otra cosa ha sido la violenta resistencia a las retenciones móviles a la exportación de soja por parte del núcleo rural de la pampa húmeda en la Argentina, o el rechazo al traspaso de los fondos jubilatorios de las AFJP al Estado, entre otros temas.
En estos días, la Unión Industrial Argentina presiona al gobierno para que devalúe el peso, lo que provocaría así la escalada del dólar –que beneficiaría a los exportadores- y la licuación de los salarios.
Sectores de esa “burguesía nacional” –incluyendo a los grupos concentrados ruralistas- apuestan a una salida política por derecha.
Esa salida, en su expresión más brutal tuvo lugar en Bolivia, con la sublevación secesionista de la burguesía santacruceña y de otras regiones ricas de la llamada media luna del altiplano.
En Argentina se reflota el núcleo conservador derechista teniendo como objetivo las elecciones legislativas y en Venezuela –aunque con una oposición de derecha más debilitada- se persiste en las denuncias contra Chávez.
Se derrumbó el Consenso de Washington, pero la pregunta es: si el capitalismo logra estabilizar su crisis ¿cuánto tardará en reimplantarlo?
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